
CUARTA CINTA: DONDE LA EXPLICACION DEL SIMULTANEO CRECIMIENTO DE LOS "7 DRAGONES ASIATICOS" Y DEL NUMERO DE POBRES EN EL MUNDO NOS LLEVA AL ENGANCHE DEL "PROBLEMA VASCO" CON EL CAPITALISMO HISTORICO
Su peculiar opacidad y no ser un imperio, características específicas de la economía-mundo europea que ha acabado abarcando todo el planeta
Vamos a ver. La economía-mundo capitalista NO es la primera economía-mundo que aparece en la Historia. Hubo otras: la egipcia, la china, la persa, la romana, etc. Pero sí es la primera economía-mundo de la historia que tiene dos características muy específicas y de importantísimas, extensas e intensas consecuencias. En primer lugar la de su opacidad, la de su capacidad para ocultar la formación y la extracción del excedente producido por los explotados y extraído por los que les dominan. Y en segundo lugar la de no acabar convirtiéndose en un imperio. Vamos a examinar con algún detalle esas dos diferencias.
Si tú te pones a mirar, ya sea porque consigues una máquina
del tiempo o más sencillamente porque estudias los documentos
fiables existentes, el imperio egipcio o el persa o el chino o
la civilización azteca o la incaica no te resultará
difícil ver como funcionan. Sus "tripas", el
mecanismo que les hace funcionar, las puedes ver porque son sistemas
transparentes. Hay en ellos una inmensa mayoría de sus
súbditos que son campesinos y una minoría de artesanos.
Mayoría y minoría que producen con su trabajo lo
que allí es necesario para la supervivencia de la comunidad
más un excedente, una cantidad (variable) de producto por
encima del mínimo necesario para la supervivencia.
Todos ellos entregan una parte de lo que producen (variable de
uno a otro imperio y de una a otra época) en forma de tributo
pagado a los gobernantes que les dominan. Tributo que pagan de
buen grado movidos por la alienación, por sus creencias
religiosas que se lo prescriben como un deber, que les hacen creer
que ese pago es necesario para la supervivencia del orden natural
de la sociedad. O que, debilitada por la razón que sea
su alienación, pagan de mal grado pero movidos por el miedo
a los funcionarios que les vigilan y a los soldados que les obligan
por la fuerza a obedecer. Soldados y funcionarios que, como otros
sirvientes y ayudantes de los gobernantes, viven de una parte
del tributo que han ayudado a cobrar. Los imperios antiguos se
basan en la existencia de una población capaz de producir
con su trabajo un excedente y son mecanismos para extraer una
gran parte de ese excedente en forma de tributos. La formación
y el uso del excedente son transparentes, evidentes, para los
que lo producen. Como es transparente para ellos el pago de los
tributos porque ven claramente a quién los pagan
y como los pagan. Y si están bien alienados saben que los
pagan porque los dioses lo mandan. Si su alienación es
insuficiente saben que los pagan porque tienen miedo al castigo
que los soldados les impondrían.
El mecanismo del tributo es transparente para el observador de
esos sistemas (ya sea un viajero por el tiempo o un estudioso
de su historia o el propio desgraciado que en su época
tenía que pagarlo): se trata de pagos a cambio de protección.
De protección contra enemigos exteriores y de protección
contra la amenaza del castigo ordenado por los dioses y aplicado
en su nombre por los propios protectores si no se les paga. Los
tributos son normalmente un pago superior al coste necesario para
producir tal protección y para cobrarla. Te digo "normalmente"
porque no siempre sucede así pero es que cuando empieza
a no suceder así, cuando el coste de extraer el tributo
supera su montante sencillamente el imperio se hunde.
Fíjate bien en que, a diferencia de esa transparencia,
la formación y la extracción del excedente en el
sistema capitalista son opacas. Acuérdate de que ya hemos
visto que el sistema capitalista oculta la formación del
excedente. Porque oculta el robo del tiempo de trabajo que no
paga al fingir que lo que compra el capitalista al trabajador
no es lo que efectivamente le compra (su fuerza de trabajo) sino
que lo que le compra es su trabajo. Se miente así que el
salario es el justo precio pagado por el trabajo, ocultando que
el salario es el precio pagado por la fuerza de trabajo. Un precio
que recupera el capitalista suficientemente al apropiarse del
valor producido por el trabajo generado por el uso de esa fuerza
de trabajo en sólo las pocas primeras horas de cada jornada.
De forma que el valor producido por el trabajo generado por esa
fuerza de trabajo en las horas restantes (y del que también
se apropia el capitalista) excede ya del valor del salario
pagado. Es plusvalía producida por el plustrabajo -
por el trabajo de más- no pagado.
Esa opacidad del sistema capitalista, ese confundir la fuerza
de trabajo que se compra con el trabajo realizado al usar esa
fuerza, oculta como ves la formación del excedente del
que se apropia el capitalista. Pero oculta además la forma
en que se lo apropia, la manera de extraer el excedente. El campesino
egipcio o chino o el europeo de la época feudal veía
transparentemente la forma en que se le extraía parte del
excedente que producía: veía la parte de
su cosecha o de sus ovejas o del dinero que por ellos había
conseguido que físicamente pasaba de sus manos a las del
recaudador del tributo. Pero el obrero capitalista no ve como
pasa de sus manos a las del capitalista el excedente que él
proporciona a éste.
Porque ese excedente adopta el mágico y fantasmagórico
disfraz de beneficio del capital. El excedente que se le
extrae al trabajador es trabajo líquido, horas de uso de
su fuerza de trabajo que no se le pagan. El capitalista convierte
ese trabajo líquido, esas horas, en trabajo sólido
incorporado en productos que se apropia, expropiándolos
a quien los ha producido. Convierte después esos productos
en mercancías llevándolos al mercado y vendiéndolos
por dinero. Es decir, en otra forma de trabajo sólido,
de trabajo pasado solidificado. Que puede usar para comprar otras
mercancías. Que pueden ser, a su vez, o bien otras cosas,
otros productos, otras formas de trabajo solidificado o bien otra
vez trabajo líquido, fuerza de trabajo. A ese dinero en
que ha convertido el trabajo excedente extraído al trabajador
le llama beneficio del capital.
La opacidad del sistema capitalista proviene de su juego de magia,
de su juego de manos que convierte la plusvalía en beneficio.
Que oculta el origen real del beneficio (que es la plusvalía
producida por el plustrabajo no pagado al trabajador). Esa magia
oculta esa explotación (esa extracción de trabajo
no pagado) y hace aparecer al capital (que es una relación
social, la del capitalista con el obrero al que compra su
fuerza de trabajo) como si fuera una cosa. Y, además,
como si esa cosa fantasmal fuera una cosa productiva, misteriosa
y fantasmalmente capaz de producir valor. De forma que, a renglón
seguido, el beneficio es definido como el justo pago del uso de
la pretendida capacidad productiva del capital lo mismo que el
salario es definido como el justo pago del trabajo, del que se
dice que es el otro factor productivo de valor.
Capital y trabajo, nos dice el mago capitalista (y nos repiten en Euskadi los doctos catedráticos de la Universidad de Deusto), son los dos factores cuya combinación es necesaria para producir valor. Ambos reciben un justo pago a su intervención necesaria para producir valor: el trabajo recibe el pago del salario mientras que el capital recibe el pago del beneficio.
¿Has entendido la magia, la original y nunca antes vista
en la Historia mistificación capitalista que, lo mismo
que el mago hace desaparecer de la vista a la chica que metió
en la caja, hace desaparecer de la vista del trabajador la explotación,
la manera en que se forma el excedente que se le extrae?. ¿Y
que, lo mismo que el mago convierte los pañuelos en palomas
que vuelan, convierte delante de los ojos del trabajador ese excedente,
esa plusvalía que se le ha extraído, en el beneficio
que aparece como el justo pago del capital?.
Hazme el favor de fijarte bien ahora en lo que voy a decirte.
Te he insistido antes en que el capital NO es una cosa sino una
relación social. La relación-capital que
une al capitalista que compra fuerza de trabajo con el trabajador
que se la vende. Una relación regida por unas reglas que
establecen que el capitalista puede usar como y para lo que quiera
esa fuerza de trabajo a cambio del precio pagado por ella (el
salario). Que además paga después de haberla
usado. Lo cual significa que es el trabajador el que le fía
al capitalista, el que le entrega a crédito al capitalista
su fuerza de trabajo. Aunque el plazo de ese crédito sea
corto (porque el salario se cobra diaria, semanal o mensualmente)
lo cierto es que cuando el capitalista lo paga ya ha usado por
adelantado la fuerza de trabajo comprada. Frente a tanta bobada
propagandística que pretende (y por desgracia consigue
ante muchos) justificar el beneficio del capital como pago del
riesgo corrido por el capitalista la realidad es que es
el trabajador el que siempre arriesga su fuerza de trabajo porque
la entrega y se la gastan antes de pagársela.
¿Por qué ha sido tan fácil y tan eficaz ese
juego de manos que oculta que el capital es una relación
social y que lo presenta como una cosa con capacidad productiva?.
Pues por el hecho de que para que pueda surgir la relación-capital
tienen que existir previamente los dos tipos de personas entre
las que se establece. Por un lado tiene que haber trabajadores
que no tengan más que su fuerza de trabajo y que por ello
se vean forzados a venderla. Y por el otro tienen que existir
los capitalistas que tengan el dinero necesario para pagarla
y que quieran comprarla porque se han dado cuenta de que al hacerlo
pueden multiplicar ese dinero.
La condición de tener el dinero necesario para comprar
la fuerza de trabajo supone que el capitalista tiene previamente
realizada una cierta acumulación de riqueza. Es decir que
tiene acumulados productos de trabajo pasado (trabajo solidificado),
realizado por él o realizado por otros y adquirido por
él mediante la rapiña de la conquista, la compra
o el comercio o la recepción a título feudal. Productos
de trabajo pasado que no ha consumido, que no ha usado, que no
ha gastado y que, o bien ha convertido en esa otra forma de trabajo
solidificado que es el dinero que puede usar para comprar fuerza
de trabajo o bien consisten en edificios o tierras o rebaños
o herramientas que puede usar para gastar en ellos y con ellos
la fuerza de trabajo que compra. Acuérdate por ejemplo
de los Montes de Triano que compró el señor Ybarra
de los que hablamos en la segunda cinta al ver como se convirtió
en capitalista la minería vizcaína.
Date cuenta de que esa riqueza acumulada no es productiva.
No puede producir valor por sí misma. De hecho esas acumulaciones
de riqueza, que suponen reservas no consumidas y acumuladas de
trabajo pasado, las ha habido en todos los sistemas históricos
anteriores al capitalismo. Son sólo el requisito necesario
pero no suficiente para que el capitalista pueda pasar
a serlo. Para que pueda, al comprar fuerza de trabajo, entrar
en la relación-capital con el trabajador.
Pero como ese requisito para entrar en la relación-capital sí es una acumulación de cosas ha sido fácil jugar al equívoco. Consistente en llamar capital a esa acumulación-requisito, atribuirle una capacidad de producir valor que no tiene y ocultar-ignorar la relación-capital.
En fin, creo que ya hemos dedicado el tiempo suficiente a dejar sentado que la opacidad de la economía-mundo capitalista, su capacidad para ocultar la formación y la extracción del excedente producido por los explotados y extraído por los que les dominan, es una novedad característica de ella. Que le diferencia radicalmente de todas las demás economías-mundo que existieron antes de ella y de las que durante algunos siglos coexistieron con ella en el planeta.
Confío en que lo hayas entendido bien porque ahora vamos
a contemplar la otra diferencia importante que la economía-mundo
capitalista presenta respecto de las demás. Y que consiste
en que no ha llegado a convertirse en un imperio.
El profesor Wallerstein lo ha explicado luminosa y esclarecedoramente
en el capítulo 1 de su obra monumental El moderno sistema
mundial de la que ya te he hablado antes y que voy a citarte
ampliamente ahora. Te leo:
"A finales del siglo XV y principios del XVI, nació
lo que podríamos llamar una economía-mundo europea.
No era un imperio, pero no obstante era espaciosa como un gran
imperio y compartía con él algunas características.
Pero era algo diferente y nuevo. Era un tipo de sistema social
que el mundo en realidad no había conocido anteriormente
y que constituye el carácter distintivo del moderno sistema
mundial. Es una entidad económica pero no política,
al contrario que los imperios, las ciudades-Estado y las naciones-Estado.
De hecho, precisamente comprende dentro de sus límites
(es difícil hablar de fronteras) imperios, ciudades-Estado,
y las emergentes "naciones-Estado". Es un sistema mundial,
no porque incluya la totalidad del mundo, sino porque es mayor
que cualquier unidad política jurídicamente definida.
Y es una "economía-mundo" debido a que
el vínculo básico entre las partes del sistema es
económico, aunque esté reforzado en cierta medida
por vínculos culturales y eventualmente, como veremos,
por arreglos políticos e incluso estructuras confederales.
Por el contrario, un imperio es una unidad política...
los imperios fueron una característica constante del panorama
mundial a lo largo de cinco mil años. Existieron varios
imperios en diversas partes del mundo de forma contínua
en cualquier momento dado. La centralización política
de un imperio constituía al mismo tiempo su fuerza y su
mayor debilidad.... Los imperios políticos son un medio
primitivo de dominación económica. Si se quiere
plantearlo así, el logro social del mundo moderno consiste
en haber inventado la tecnología que hace posible incrementar
el flujo de excedente desde los estratos inferiores a los superiores,
de la periferia al centro, de la mayoría a la minoría,
eliminado el "despilfarro" de una superestructura política
excesivamente engorrosa.
He dicho ya que la economía-mundo es un invento del
mundo moderno. Esto no es del todo cierto. Existieron economías-mundo
anteriormente. Pero siempre acabaron transformándose en
imperios: China, Persia, Roma. La economía-mundo moderna
podría haber ido en la misma dirección -de hecho
esporádicamente ha dado la impresión de que iba
a hacerlo- pero las técnicas del capitalismo moderno y
la tecnología de la ciencia moderna, que como ya sabemos
están un tanto ligadas entre sí, permitieron que
esta economía mundo creciera, produjera y se expandiera
sin la emergencia de una estructura política unificada".
Wallerstein acaba ese capitulo 1 afirmando que:
"En 1450, el escenario en Europa, pero no en otros lugares,
estaba presto para la creación de una economía-mundo
capitalista. Este sistema estaba basado en dos instituciones claves,
una división "mundial" del trabajo y en ciertas
áreas un aparato de Estado burocrático"